Alfaro, el técnico de fútbol que prefiere leer a Ernesto Sábato y lo imparte a sus jugadores

Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges… Todos, escritores inmortalizados de los que Gustavo Alfaro, flamante DT de Ecuador, ha tomado máximas a lo largo de sus 58 años. Aprendió de la literatura que “los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para la superación”, uno de los conceptos filosóficos con los que llega a enrumbar la Tricolor en su camino al Mundial de Catar 2022, con la Copa América 2021 en medio. No tiene cábalas, pero es creyente y solo ruega por “lucidez para decir”, como lo exteriorizó en entrevista con Diego Borinsky para la revista El Gráfico en agosto de 2015.

¿Quién es Gustavo Alfaro?

Un rafaelino (Santa Fe) soñador que es feliz. Cumplí mis sueños de formar una familia y de realizarme como profesional. Mi deseo era conseguir como entrenador lo que no había logrado como jugador: ser de Primera. Y lo alcancé desde el interior del interior, porque una cosa es Córdoba o Rosario, y otra muy distinta, Rafaela.

¿Quién le puso Lechuga?

Ricardo Borgoño, un amigo de la infancia. A los 6 años jugando en inferiores de Atlético de Rafaela, un día faltó el arquero y como el técnico me ponía en todos los puestos, me mandó al arco. Anduve bien y al final dijo: “¡Qué grande el arquero lechuga”, porque tenía la cabeza como una planta de lechuga, llena de rulos, y quedó. De hecho, si hoy vas a Rafaela y preguntas por Gustavo Alfaro, te dicen: “¿Quién? ¿Lechuga?”. Ya está, es una parte de mi documento de identidad.

¿Infancia con privaciones?

No, una clase media normal, estudié en escuela pública, la educación que tuve fue fantástica y me marcó para toda la vida. En corrección, en respeto, en obligaciones y exigencias, en solidaridad, un montón de cosas que se inculcaban en tu casa y se respaldaban en el colegio. Se vivía una adolescencia distinta, más allá de que estábamos marcados por un momento muy duro del país, plena dictadura (1976-1983; Alfaro nació el 14 de agosto de 1962).

¿Un escritor?

Me gusta mucho Ernesto Sábato. También Mario Vargas Llosa, Marcos Aguinis, (Jorge Luis) Borges, (Mario) Benedetti… Siempre recomiendo La resistencia, de Sábato, del que me quedó una frase que suelo repetirle a los jugadores: “Los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para la superación. Así lo han demostrado tanto hombres como mujeres que con el único argumento de la tenacidad y el valor lucharon y derrotaron a las dictaduras más aberrantes de nuestro continente, porque el hombre sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos y a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”. Me grabé esa frase para toda la vida.

¿Tiene cábalas?

No; respeto a quien las tenga.

¿Ni una sola tiene?

A veces te agarras momentáneamente de determinadas cosas, pero es como les digo a los jugadores: le rezamos a la Virgen, tenemos estampita, rudamacho (planta, popularmente de uso esotérico), diente de ajo y todo lo que quieras, pero me parece que Dios tiene algunas cosas más importantes de las que preocuparse que un partido de fútbol. Sí, soy creyente y pido lucidez para decidir.

¿Considera que hay más falta de moderación en el periodismo deportivo que en el fútbol?

Está parejo, eh (risas). La diferencia es que los problemas en el fútbol se televisan al mundo, pero las diferencias entre periodistas están detrás de cámara.

Ha aparecido como comentarista deportivo en TV. ¿Qué es lo que más le gusta de esto? ¿Y qué no le agrada tanto?

Lo que más me gusta es poder ver el fútbol desde otro lugar. Es un ejercicio muy bueno para mi profesión, porque me tengo que meter en la cabeza de los entrenadores para saber lo que están proyectando y tratar de explicarlo con palabras simples. Y lo que no me gusta es cuando se arman los operativos para tratar de instalar cierto tema, cómo se opera. Es un costado que no me gusta, pero sé que está presente en la profesión.

¿Se considera mal perdedor?

No me gusta perder, quiero ganar a todo lo que juego, pero no soy mal perdedor, para nada. A mis jugadores suelo decirles: “Si quieren ser ganadores, lo primero que tienen que aprender es a perder”.

¿Existe la cama del jugador al técnico (cuando los futbolistas operan contra el estratega)?

No directamente, pero creo que el jugador se ha acostumbrado a despedir entrenadores. El futbolista firma un contrato por 3 o 5 años. Sabe cuándo empieza y cuándo termina y, pase lo que pase, sabe que va a seguir estando, entonces eso es una comodidad cómplice de los problemas. Y como se da por sentado de que es mucho más fácil echar a un técnico que a 30 jugadores, el jugador se terminó acostumbrando a que el entrenador se va. Cuando yo jugaba, no estaba aún la ley Bosman (en 1995, el caso del exvolante Jean-Marc Bosman cambió las normas de traspaso de jugadores en el balompié) y a fin de año tenías que ganarte el derecho a que te renueven el contrato, entonces te rompías el alma. Hoy, el jugador está en ese umbral confortable y pierde esa sensación de defender un puesto e implícitamente un proyecto, entonces hoy el jugador colabora mientras esté adentro, medianamente si va en el banco y si está afuera, ya te mira de costado.

¿Confabularse para perder dentro de la cancha quizás?

Eso no creo, pero sí puede el jugador de fútbol llegar a sentirse invalidado por la presión o por las críticas.